La humillacíon

    Es aquello que lleva a un sujeto a la turbación severa y molesta. ¡Para avergonzarlo!     La humillación y la sumisión masculina está a menudo marcada con la vergüenza. Como sabemos en una sumisa, la vergüenza es una emoción dolorosa causada por la conciencia de culpa o impropiedad. Cuando esto se hace con, para y a un sumiso puede que sean bastante diferentes las técnicas que son eficaces para una sumisa. Una evaluación de un sumiso de “eso que” es vergonzoso, degradante o motivo de vergüenza son distintamente diferentes a las de una sumisa. Esto realmente no es una sorpresa cuando se consideran las actitudes diversas y el nivel de expectativas que existen en cómo un varón procura ser “elevado” o ser mejor aceptado en nuestra sociedad contra las de una mujer.

     Donde una mujer puede perder “status” por alguna acción impropia como la promiscuidad física, los compañeros sexuales múltiples, teniendo hijos fuera del matrimonio, y vistiendo de una manera que sea sexualmente provocativa – un varón puede ganar “status” realmente a
través de estas mismas acciones. En el hombre se denomina proeza lo que en la mujer es promiscuidad. A veces el poder adquisitivo se usa para comparar el éxito o el fracaso y lo que puede “conseguir una mujer (o varón) para presumir de su importancia”. También es importante hacer notar que las actitudes y las evaluaciones de un “status” menor o disminuido también cuentan en esto. Un hombre que es “exitoso” fácilmente, mas tarde que temprano sostendrá una
relación casi siempre con una mujer con una status menor o una estima disminuida.

     Dentro de la comunidad de BDSM el sumiso revela a menudo un deseo a ser humillado por un/a Dominante mediante la asunción de un atavío femenino, amaneramientos, forma de hablar, etc. El igualarlo a la humillación de ser “la hembra” no puede escapársele o puede pasarlo por alto, quizás por eso sea esto el fetiche de humillación más común entre los sumisos masculinos. Además el sumiso a menudo busca la dirección poderosa de un/a Dominante que “forzadamente” le permita experimentar de forma aceptable tener relaciones hombre-hombre, las
que son consideradas por la “sociedad aceptable” como algo socialmente inaceptable.

     Los sumisos masculinos tienden a disfrutar la humillación verbal abierta tal como el idioma crudo. Como la promiscuidad es de alguna forma para ellos socialmente aceptable para un sumiso el idioma de ser “puerco” o “perro” tiende a tener menos impacto o efecto. Un lenguaje que sea más degradante tiende a ser más eficaz. Además muchos sumisos masculinos disfrutan acciones de humillación pública y exposición, y desfilar desnudos (por supuesto fuera de su familia, amigos, comunidad y compañeros de trabajo). En general una tolerancia mayor para la humillación es más alta en el sumiso que en la sumisa.
     El sumiso no tiende a interiorizar el idioma verbal frecuentemente usado en la humillación. Su orientación es generalmente más física y menos emocional, o quizás más pragmático y directo contra el casi siempre por naturaleza más tortuoso estado mental de la sumisa. El idioma tiende a ser identificado e interpretado exactamente como lo que es y el sumiso normalmente puede a menudo responder estrictamente al idioma como otro juguete mas en la sesión o en el juego.      Esto no significa que todos los sumisos masculinos son impenetrables o inmunes a dañarse a través de la humillación verbal. Realmente al contrario. Un porcentaje grande de la comunidad de sumisos de BDSM ha experimentado casualmente episodios o eventos de abuso verbal, físico
y emocional significante en su pasado. La magnitud de estos eventos de alguna forma pueden dañar al individuo de una manera peculiar.  Para muchos sumisos varones y mujeres podemos decir que ellos han sido esencialmente “entrenados” o “sensibilizados” desde la niñez temprana para sentir y experimentar cosas a través del dolor, humillación, miedo, vergüenza y culpa.      Haciendo esto de una manera saludable en lugar de una manera destructiva es a menudo como muchas personas encuentran su camino o su “Rol” en la comunidad BDSM. Las dos diferencias distintas son control o mando y consentimiento. 
     Cuando una acción se toma a través del enojo (golpeando a un niño), hay una sensación que el abusador esta “fuera de control” y hay una certeza que el niño no está consintiendo a que le peguen. Sin embargo, ese mismo niño “aprende” a amar a través de estos toques dolorosos. Como un adulto esas lecciones permanecen en su subconsciente. En cierto sentido serán disparadores emocionales que se han aprendido y entrenado.

     Muchas personas de D/s sólo pueden “sentir” las sensaciones de amor, deseo y seguridad a través de los modelos “similares”. Estando con alguien que no está enfadado pero en cambio de forma calmada altera la experiencia de algo negativo a algo positivo. Estando con alguien que le asegure totalmente que lo que desea, esas necesidades, requerimientos que lo lleven nuevamente de lo negativo a lo positivo,  le serán proporcionados y que satisfacerá esos estímulos sensoriales con su consentimiento. ¡El mando y consentimiento!

     Es esencial para el Dominante el salvaguardar la salud emocional de su sumiso y cuidadosamente identificar esas necesidades individuales y únicas de su sumiso para poder lograr esa experiencia que sea muy significante para los dos. Hay sumisos y sumisas que no pueden tolerar cualquier tipo de humillación y un Dominante nunca debe asumir las cosas, pero en cambio si debe tomarse el tiempo para conocer a ese(a) sumis@ en forma particular antes de tomar acciones genéricas que puedan disparar alguna situación no deseada o puedan dañarlos.

     Muchos sumisos desean de un Dominante que los lleve a romper sus límites sociales permitiendo, aceptando y disfrutando su feminización. Puede haber una verdadera necesidad de expresar por parte del sumiso este lado de su personalidad como es igualmente verdad que nuestra sociedad comprime y castiga “el sentimiento femenino” de los hombres a través de la constante humillación verbal y a menudo extrema al punto dónde muchos hombres tienen literalmente miedo a mostrar o revelar lo que ellos han aprendido o les han enseñado dolorosamente de esa suavidad o debilidad, que es su lado femenino.

     Otro fetiche de humillación masculino bastante común es el infantilismo. Hay una expectativa social que “el hombre” tendrá el cuidado y el manejo o control de las cosas. Ellos serán fuertes y asumirán su papel de adulto de manera responsable. Sólo, que los hombres son humanos. Ellos pueden anhelar ser cuidados, sostenidos, abrazados, acunados, mimados de la misma manera en que ellos sólo lo han experimentado cuando ellos eran unos pequeños infantes. Estos
tipos de fetiches son bastante a menudo mucho más fuertes en la población sumisa masculina que en la población sumisa femenina, aunque hay una similitud inequívoca en los fetiches del Papá.

     Sin embargo, ambos los sumisos varones y las sumisas mujeres pueden y a menudo comparten fantasías de volverse un animal. Éste es otro tipo de humillación o el objetificación extrema. Los elementos de control, la esclavitud, el maltrato, la disciplina, el enjaulado o la
reclusión, y el hacer en la realidad que se comporten y se les trate y “maneje” como un animal puede ser enormemente desafiante, y despertar una excitación grande en los sumisos de ambos sexos. Hay varios tipos de prácticas del animalización, los dos más comunes son el “Pony Boy” o “Pony Girl” y la del “perro” o del “cachorro”. Los aspectos de las dos de éstas practicas incluyen cosas que pueden ser sumamente embarazosas y humillantes. Como con cualquier tipo de juego los Dominantes no deben asumir nada. Pregunte, preste atención, aprenda y conozca a su sumiso como el individuo que es. Un Sumis@ necesita el revelar o manifestar, que es lo que para él es bueno, que es malo y que le es incómodo.

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